GRECIA

TESALONICA

Después de un año y medio de estar encerrada en mi casa por miedo a la pandemia, un día me levanté decidida a viajar, debía firmar un documento en Madrid y no lo iba a posponer más, así que antes de perder el impulso, compré mi tiquete de aéreo y empecé a planear un viaje que me asustaba. 10 horas en avión, comer en restaurantes, montar en metro, entrar a un hotel, estar en la calle quién sabe entre cuánta gente… Siempre pensaba que en cualquiera de esos sitios me podría contagiar. Sin embargo, tomé la decisión de hacerlo y no solo a Madrid, ¡me fui 9 días a Grecia! Cargué con mis frascos de alcohol, un gran inventario de tapabocas -como decimos en Colombia a las máscaras-un susto aterrador y muchas ganas de volver a sentir la emoción de recorrer sitios nuevos.

Viajé el 28 de junio y a la llegada a Madrid, a todos los colombianos nos hicieron prueba de Covid, lo que me dio tranquilidad al saber que por lo menos en mi primer vuelo no me había contagiado. Para mi sorpresa, las calles de Madrid estaban muy solas y todos portaban su tapabocas con mucho juicio, no había congestión en mi línea de metro y los cuidados en el hotel me relajaron.

Terminé mi vuelta en Madrid y me dispuse a viajar a Grecia continental. Tomé un vuelo de Aegean rumbo a Tesalónica. Al llegar, oh! sorpresa y susto, ¡allá nadie llevaba máscara! En todo el país habían suspendido el uso hacía una semana. Pero ya estaba allí y no había nada que hacer, solo alejarme de la gente, lavarme permanentemente las manos con alcohol y jamás, aún en los calores más horribles que me tocaron, quitarme mi tapabocas.

TESALONICA o Salónica como algunos la llaman, es la capital de la región (Periferia) de Macedonia Central y la segunda ciudad del país. Su puerto, en el norte del mar Egeo es, después del Pireo, el de mayor movimiento.. Lleva el nombre de la hermana de Alejandro Magno, esposa de Casandro rey de Macedonia, quien fundó la ciudad en el siglo IV a.C. El Reino de Macedonia fue derrotado por los romanos, pasando luego por manos de los imperios Bizantino y Otomano, hasta ser integrada a Grecia a principios del siglo XX. Hoy vemos las huellas que dejaron, en la parte alta y baja de la ciudad. Aquí nació el padre de la Turquía moderna, Ataturk, en los tiempos de dominación otomana.

Tuvo la población judía más grande de Europa, cuando éstos, expulsados por los Reyes católicos de España se radicaron allí, llegando en un momento a representar el 50% de la población. Hoy solo hay alrededor de 1.900 judíos, pues en la segunda guerra mundial la mayoría fueron llevados al campo de concentración de Auschwitz, donde murieron.

Del aeropuerto a la ciudad, el viaje toma alrededor de 40 minutos y aunque en internet solo ofrecen transporte en taxi o transfer privado, al llegar encontré el bus que, por solo 5 euros, me llevó hasta la esquina de mi hotel. El servicio de buses en la ciudad es bueno, aunque hay que utilizarlo poco.

Me alojé en el Blue Bottle hotel boutique, ubicado en la parte baja y cerca a todo, restaurantes, monumentos, la emblemática y animada Plaza Aristóteles, el paseo del mar o malecón y a 10 minutos en bus de la estación de trenes. Es un hotel pequeño como indica su nombre, pero sin nada que envidiarle a una gran cadena. Habitación impecable, el balcón amplio, con mesita y sillas, excelente cama y baño. La noche en habitación individual, por 67 euros incluido un excelente desayuno. Como medidas de seguridad por la pandemia, solo arreglan la habitación si el huésped lo solicita; si pides servicio a la habitación, te lo dejan en la puerta. Iguales normas vi en los otros hoteles donde estuve.

El día de llegada, estuve en el tour gratis con Giorgio, quien amablemente hizo la visita solo con dos turistas, ¡era su primer grupo desde el inicio de la pandemia! Lo hizo profesionalmente y sobre todo muy ameno, narró historias antiguas y modernas, nos llevó a sitios escondidos de la ciudad, que solo quien vive allí, conoce.

Qué visitar

En la Ciudad baja, la calle más importante es la Vía Egnatia, lleva el nombre de la antigua vía romana que desde Albania llegaba a Estambul, pasando por Tesalónica. A donde te dirijas esta calle siempre será la referencia.

Saliendo de mi hotel, tomo la Vía Egnatia y a dos cuadras encuentro la Plaza Venizelos, un gran parque donde se encuentra la estatua de Elephterios Venizelos, varias veces primer ministro de Grecia, quien logró arrebatarle al imperio Otomano la isla de Creta y la ciudad de Tesalónica.

En este punto y pasando la calle nos dirigimos hacia la costa, caminando por una amplia área peatonal, encontrando almacenes de marca, restaurantes y terrazas plenos de gente, hasta llegar a la inmensa Plaza Aristóteles, la más importante y concurrida de la ciudad. Está formada a partir de dos edificios cóncavos a lado y lado, el elgante hotel Electra Palace y el Cine Olympia, donde se celebra anualmente el festival de cine. La plaza surgió en 1917, cuando la ciudad fue reconstruida luego de un incendio que arrasó la parte baja. En el centro ostenta una estatua en honor al filósofo que le da el nombre y a su alrededor se reúnen los tesalonicenses en un sinnúmero de cafés. Aquí se hacen conciertos, festivales y todo tipo de eventos masivos.

La plaza finaliza en la costa integrándose al Paseo marítimo, una amplia avenida peatonal que va desde el puerto hasta el otro lado del golfo donde se encuentra el Conservatorio de música. La avenida es sitio de paseos en bicicleta, patineta, coches de caballo y familias reunidas en los jardines que la rodean. Por ella encontramos la estatua de Alejandro Magno y la escultura de los paraguas. Es el sitio ideal para ver el atardecer desde un pequeño barco, café bar, que cada media hora parte de la costa y hace un pequeño recorrido por el golfo. Importante: el paseo es gratis, solo pagas lo que consumas.

Recorriendo el Paseo marítimo, nos topamos con la Torre blanca, emblema de la ciudad. Construida en el siglo XVI como prisión otomana, era parte de la muralla. Hoy aloja el museo de la historia de la ciudad. Este no vale mucho la pena y tiene el inconveniente de que todas las descripciones están en griego, así que poco te puedes enterar de la historia. Se justifica subir hasta la terraza de la torre para disfrutar del atardecer y las vistas a lo largo de la costa. El ingreso cuesta 5 euros.

Torre blanca Tesalonica

De allí regresamos al centro para visitar las Ruinas del Agora romana, un complejo del siglo II a.C. del que queda un pequeño odeón y estructuras subterráneas que parece serían almacenes. En una de ellas hay un museo que contiene objetos de la época encontrados en las excavaciones.

Pasando la vía Egnatia llegamos al Arco del triunfo de Galerio, construido en el siglo III d.C., para conmemorar la victoria del emperador sobre los persas. Está decorado con alto relieves que narran la historia de esa contienda y otros triunfos del César. Este emperador traslado su sede de Roma a Tesalónica. Los ciudadanos lo llaman Kamara.

Arco del emperador romano Galerio

De allí nos dirigimos hacia la Plaza Navarinou para ver las Ruinas del palacio de Galerio, del cual podemos ver sus bases y algunos muros.

Ruinas del palacio de Galerio

Muy cerca está La Rotonda, un edificio circular con cúpula muy amplia, construido como parte del palacio y que inicialmente se dice fue un templo dedicado a Zeus, o bien el mausoleo del emperador, en el que nunca reposaron sus restos. Posteriormente, por orden del Imperio Bizantino fue convertido en iglesia cristiana y con la llegada de los otomanos transformado en una mezquita donde a su lado erigieron el respectivo minarete. Hoy se conserva como monumento nacional, sin ninguna destinación.

Rotonda de Galerio y minarete otomano

Visitamos a continuación el Hipódromo, que fue también parte del palacio. Actualmente es un barrio residencial construido alrededor de lo que fuera aquel, con jardines en el centro y conservando su forma, llega hasta la costa. Caminando por el barrio, podemos ver algunos de los muros originales, entre los edificios de apartamentos.

Recreación del conjunto palaciego de Galerio, Palacio e Hipódromo

Hay muchísimas iglesias y monasterios en Tesalónica, algunos declarados Patrimonio de la humanidad. La más amada por los tesalonicenses es la de San Dimitri, que data de la época bizantina. Fue construida sobre un antiguo baño romano, donde según dicen, fue martirizado el santo quien fue defensor de la ciudad y la religión. Posteriormente, los otomanos la convirtieron en mezquita y luego de la emancipación, volvió a ser cristiana. Su interior es sobrio, se destaca el féretro del Santo, quien es venerado y recibe muchas peregrinaciones de toda Grecia.

Está también la Iglesia de Santa Sofía, una réplica en miniatura de la iglesia de Estambul, construida en el siglo VIII por el imperio bizantino y convertida en mezquita en la época otomana.

Iglesia Agia Sofia, Tesalonica

En lo que fuera el Barrio judío se han construido bares y restaurantes y aún se conservan algunas mansiones que han sido dedicadas a museos, escuelas y entidades del estado, aunque vi también casas abandonadas desde la época de la guerra.

En este barrio, el guía mostró un muro donde habían clavados tres palos, algo que pasa desapercibido. Durante la crisis económica de 2009, era tal la pobreza, que alguien tuvo la iniciativa de poner palos en los muros de diferentes sitios discretos en la ciudad y allí colgaba ropa y alimentos. Quien necesitara pasaba y lo recogía. Fue una época en que las personas de clase media cayeron en la pobreza total y sentían vergüenza de pedir, así que los que más tenían, siguieron esta costumbre de hacer sus donaciones de forma anónima.

Me dirijo ahora a conocer la parte alta de la ciudad o Ano Poli, como llaman el Centro histórico. Al caminar por este lugar, nos cabe pensar: ¡Es un caos! ¿Pintoresco?  un hacinamiento de viviendas?

Realmente es caótico y pintoresco, el tráfico es muy abundante y desorganizado, pero vale la pena subir.

La muralla original data de la época del reino de Macedonia y alcanzó su mayor extensión en el período bizantino; durante la dominación otomana se derrumbó el tramo que encerraba la parte baja, para despejar la vista al mar y dar cabida al crecimiento de la ciudad, así que solo en la parte alta se conservan. Están construidas en ladrillo y algunas partes, tal vez del período bizantino, se levantaron con mármol y piedra tomados de edificaciones anteriores, tales como templos paganos, teatros y sedes administrativas de la ciudad antigua.

Está formada por pequeñas torres que van recorriendo la montaña, entre las cuales se destaca una torre redonda muy amplia, llamada el Trigoniou que funcionaba como armería  

 En lo alto de la montaña, encerrada por las murallas está la fortaleza Heptapyrgion, (que significa 7 torres, aunque realmente tiene 10) levantada por los otomanos. Es una ciudadela donde vivían el comandante del ejército y sus tropas; tenía prisión de hombres y mujeres, iglesia, edificios administrativos y los alojamientos militares. En la torre de entrada hay diferentes grabados, uno de los cuales detalla que la acrópolis de Tesalónica fue conquistada por el sultán Murad en los años 800 d.C. y la fortaleza, construida por el bey o gobernador designado para administrar la ciudad.

Desde aquí, vemos la panorámica de toda la ciudad, hasta el mar. Las mejores fotos se logran subiendo al Trigoniou y en el patio externo de la fortaleza, llegando a divisar al fondo el monte Olympo.

El área residencial de la ciudad alta, lo conforman un sinnúmero de callecitas estrechas con pequeñas casas que se confunden unas con otras y que fueron construidas sin ningún tipo de orden, algunas muy coloridas. En cualquier rincón encuentras un bar, un café, todo lo cual le da el aspecto pintoresco y caótico al centro histórico de Tesalónica. Aunque no alcancé a visitarlas todas, en este barrio hay varías iglesias que datan de la era bizantina y hoy son patrimonio de la humanidad, como San Nicolás huérfano, Santa Catalina y el Monasterio de Vlatadon.

Finalicé pues mi primer día en Grecia y al día siguiente tomé una excursión a Pella y Vergina, antiguas ciudades del reino de Macedonia de la que les contaré la historia en otra entrada.

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