Arribo al hotel Soussana en la noche. Está ubicado cerca al centro de la ciudad y con parqueadero gratuito. Es una construcción creo de los años 70, con buen mantenimiento y habitaciones grandes, cómodas, limpias y bien dotadas. Pero lo más increíble fue el precio, $27 euros la habitación individual con desayuno bueno. Cerca hay restaurantes, pizzerías y venta de hamburguesas, así que dejé mi equipaje, sali a comer y luego a dormir.
Susa (Sousse en francés) está situada a orillas del mar Mediterráneo en el golfo de Hammamet. Cuenta con unos doscientos mil habitantes es la tercera ciudad del país y uno de los centros turísticos más visitado debido a sus extensas y bonitas playas. Así pues, hay muchos complejos hoteleros y una amplia oferta de restaurantes y discotecas.
Pero yo iba en busca de la historia, así que temprano me dirgí a la Medina. Está ubicada frente al mar, y se declaró patrimonio de la humanidad en los años 90 del siglo pasado. Fue construída a la llegada de los árabes en el siglo VII. Tiene una zona residencial y el típico soco o bazar de las ciudades del medio oriente; allí encontramos artesanos del cobre, la plata, las alfombras, puestos de dulces, especias y todo tipo y tamaño de aceitunas. Susa tiene una extensa área de olivares y es de aquí de donde sale la mayoría de las exportaciones del pais hacia Europa.
Entrando a la medina está La Gran Mezquita, construída en el año 851 y concebida como una fortaleza militar que protegía el puerto de las invasiones; treinta años más tarde se adaptó y amplió como mezquita. Con la llegada de los turcos en el siglo XVI, se hicieron remodelaciones que incluyeron ventanas y una nueva nave. Es así como luce hoy. Como en todo el pais, no está permitida la entrada a «infieles», solo se puede ingresar hasta el patio interior y desde allí tomar fotos.





Frente a la mezquita vemos El Ribat, de la misma época. A su llegada, los musulmanes iniciaron a la largo de la costa, la construcción de pequeñas fortalezas con su torre de vigilancia, para protegerse de las invasiones, de hecho ante cualquier indicio se comunicaban con los ribats de las ciudades cercanas. El de Susa se conserva totalmente original y su torre ha sido usada como minarete de la mezquita, ya que ésta nunca lo tuvo. Posteriormente, esta edificación fue convertida en madrasa (escuela coránica). El billete de entrada vale 8 dinares, aproximadamente 2,50 euros.




La Medina está rodeada por la muralla antigua, que abarca hasta la parte alta de la ciudad antigua. Al lado opuesto de la Gran Mezquita, en una pequeña colina, encontramos la cereza en el pastel. La Qashba, una gran fortaleza del siglo IX que en su interior aloja uno de los museos más bonitos de Túnez, el Museo Arqueológico de Susa, sitio que no te puedes perder pues allí vas a ver piezas que datan de las épocas cristiana y romana. El billete de entrada vale 10 dinares, 3 euros y pico.




Al ingreso se presentan los monumentos del Sahel antiguo, (Susa está a la entrada del desierto), una narración y fotos de las catacumbas cristianas del siglo XII y de la historia antigua de la ciudad, llamada Hadrumetum por los romanos. Las catacumbas se encuentran muy cerca de la ciudad, están debajo de una residencia familiar 😮 , alcanzan una longitud de 5 kilómetros y alojan más de 15.000 tumbas datadas entre los siglos II y el V d.C., no han sido saqueadas y dicen que se puede apreciar muy bien los sarcófagos a través de un vidrio. Por supuesto no las visité, sufro de claustrofobia 😦 .
La muestra principal se encuentra en los bajos del patio de la qashba. El área tiene iluminación natural, lograda mediante la instalación de unos páneles de vidrio (Al estilo de la luz que entra al museo El Louvre a través de las pirámides). Las piezas exhibidas, en su mayoría mosaicos, están datadas ente los siglos II y VI.
La sala romana exhibe, pequeñas estatuas en terracota pero lo más destacado es la colección de mosaicos de gran tamaño, del siglo II que representan la vida cotidiana, generalmente escenas marinas y de pescadores, algunos dioses, la cabeza de Medusa y sus serpientes como centro del gran mosaico extraído de una villa romana y un calendario que muestra en pequeños cuadros, las estaciones del año y al lado sus meses, cada uno con figuras que representan las actividades propias de la estación.
En la sala cristina se destaca el bautisterio proveniente de la ciudad de Bekalta al sur de Susa, forrado totalmente en mosaicos decorados con animales y la cruz al fondo y que data del siglo VI, era bizantina.


Luego de la visita al museo, vale la pena recorrer el patio de la qashba.


Salí del museo y me dirigí a la pequeña ciudad de Monastir. Como toda esta área mediterránea, recibe mucho turismo ya que sus playas son verdaderamente bonitas; pero, para alguien como yo que no busca eso, no vale la pena ir. Es muy sucia, fea y desorganizada. Almorcé en un restaurante cerca de la playa, donde pedí un pollo apanado con queso fundido y adicionalmente me trajeron un sinnúmero de platos pequeños con diferentes ensaladas, todo por 8 euros. Estaba delicioso.

El sitio queda al lado de una plaza, talvéz el único sitio limpio de la ciudad, con un palmeral muy bonito frente al cual se encuentra el Ribat de Monastir una edificación del siglo IX que hoy aloja un pequeño museo. Realmente, esta ciudad solo vale la pena conocerla, si el programa es vacaciones de playa.












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