FRANCIA

RECORRIENDO ALSACIA III

Y ésta es mi última entrada sobre los lindos pueblos de Alsacia, quedando antojada de volver  para conocer aquellos que no alcancé a visitar. Definitivamente es una región muy recomendable por la belleza de su arquitectura y lo pintoresco de sus ciudades medievales llenas de jardines.

RIBEAUVILLÉ

Otro pintoresco pueblo de la ruta del vino que data del siglo XI. En lo alto de su colina trasera están las ruinas de tres castillos de la época, que fueron propiedad de la familia Ribeaupierre fundadores de la ciudad, alrededor de los cuales ésta se desarrolló.

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Es denominada villa de los músicos o Ville de Menetriers, pues en los primeros años y a raíz de la leyenda de un flautista que animaba las fiestas de la corte, allí los había en gran cantidad. En una de sus plazas está la escultura en su homenaje.

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La actividad principal de sus 5.000 habitantes son los viñedos famosos en toda esta zona. Está rodeada de una muralla y tiene un bastión muy alto en su entrada. Hay un trencito que recorre La Grand Rue, –su calle principal- con traducción a varias lenguas, continúa hasta  Hunawihr y regresa nuevamente. Cuesta 7 euros.

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Luego del paseo en tren, caminamos por la Grand rue desde la oficina de turismo, admirando su arquitectura, casas muy decoradas y coloridas con pequeñas esculturas, torres y balcones adosados en sus fachadas, muchas flores en sus ventanas, hasta llegar a la Plaza de la República, donde se encuentra el ayuntamiento del siglo XIX, la fuente del mismo nombre y una linda casa que, con ladrillo, imita el entramado tradicional.

Pasamos por la Iglesia de Santa Catalina, hoy sala de exhibiciones y encontramos la Plaza Sinn donde resalta una hermosa casa amarilla, frente a ella hay fuente que algunos llaman renacentista y otros Friederich.

Nos topamos ahora con el monumento más importante de la ciudad: La Torre de los carniceros, llamada así por los comerciantes que vivían en la zona. Era el límite entre la ciudad nueva y la vieja. Además de cumplir funciones de vigilancia, era utilizada como cárcel. En su parte más alta se aloja un gran nido de cigüeñas, tan común en la Alsacia. Atravesando aquella, llegamos a la plaza del hospital donde destaca una hermosa casa esquinera. Llegamos al final donde está el río y un puente que nos dirige a la colina de los tres castillos.

Vale la pena recorrer también la Calle de los judíos con casas menos coloridas, pero igual de atractivas y la Calle Kohbo.

El convento de los Agustinos aloja hoy un noviciado, leí que su iglesia vale la pena visitarla, sin embargo, no logramos que nos dieran el permiso de entrada.

Esta es pues una ciudad para caminar y admirar.

SELESTAT

Es una de las más grandes de Alsacia, tiene 20.000 habitantes y es llamada la ciudad de arte y cultura. Para nuestra sorpresa, es poco visitada por los turistas a pesar de tener bonita arquitectura y dos iglesias principales que vale la pena conocer. Almorzamos en un restaurante en la plaza del ayuntamiento, pedimos brochetas de salmón, esperando lo que en Colombia llamamos chuzo: carne ensartada en una varilla delgada, para nuestra sorpresa, eran unas tostadas de pan con lajas de este pescado, que a pesar de la sorpresa estaban muy buenas. También comimos una deliciosa y surtida ensalada.

Su casco antiguo es pequeño, tiene tres plazas con bonitas casas renacentistas de antiguos comerciantes.

El monumento del cual se enorgullecen más los locales es la denominada Biblioteca humanista, que contiene libros escritos entre el siglo VII y el XV y está ubicada en el edificio de un antiguo granero.

La Cour prelats o L’hotel de Ebersmunster: el antiguo monasterio de los Benedictinos es un bonito edificio del siglo XVI que hoy aloja oficinas municipales.

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Iglesia de Sainte Foy, en el siglo XI se construyó la primera capilla en honor a esta santa y sobre ella; cien años después se edificó la que vemos actualmente que tiene tres torres una de las cuales data de la época. Lo que más me impactó en esta iglesia fueron los grandes mosaicos del piso delantero, que representan cada uno de los signos zodiacales y los vitrales con las imágenes de Santa fe, Santa Odilia y San León X.

Iglesia de Sant George: Construida en el siglo XII en estilo gótico, conserva los vitrales de su construcción inicial.

La casa y museo del pan: En el primer piso encontramos la panadería, donde a puertas abiertas los panaderos amasan y hornean los panes y galletas típicos de la región y te ofrecen degustación de sus productos. Subimos luego por una escalera de piedra blanca en forma de caracol y vamos encontrando las máquinas antiguas, para mezclar la harina y hornear el pan, moldes, jeringas para decoración y un gran rodillo para amasar. Proyectan una película que va mostrando los procesos de elaboración desde la antigüedad. Está ubicada en la plaza Gambetta frente a la biblioteca.

KAYSERSBERG

Es la típica ciudad de la Alsacia, casas en entramado de madera muy florecidas, murallas del siglo XIII con su típica torre o Donjon, -como llaman los franceses esas torres muy altas y redondas- cuya función era la vigilancia contra la invasión de los Duques de Lorraine. Tiene 4.800 habitantes dedicados a los viñedos que dan nombre a esta localidad: Kaysersberg Vignoble, así que la mayoría de los edificios están hoy ocupados por cavas donde se ofrece degustación al visitante. En sus bajos hay restaurantes, comercios y almacenes de artesanías.

La calle principal General De Gaulle, la recorremos desde el ayuntamiento, pasamos por la Iglesia de la Santa Cruz, en su frontón tiene la estatua de Santa Helena y en el centro de la plaza está la fuente en homenaje al emperador Constantino, su hijo. Estaba cerrada y no pudimos por lo tanto conocer su famoso tríptico en madera tallada y el Cristo central.

Admiramos las lindas y floridas casas que la rodean, entre ellas la que aloja la panadería Loewert, típica arquitectura alsaciana, la maison Brief del siglo XVI, un granero antiguo donde hoy hay un restaurante y otras más, sin poder decidir cuál es la más linda.

Continuando nuestra marcha, encontramos la casa de su ciudadano más notable, el médico, teólogo y filósofo, doctor Albert Schweizer, premio Nóbel de la paz en 1952, quien fuera misionero en Gabón (antigua colonia francesa), y fundara allí un hospital que lleva su nombre. Su casa natal es hoy un museo que exhibe trabajos, notas y recuerdos de África. A un costado tiene un jardín que en ese momento estaba muy florecido, con hortensias de muchos colores.

Siguiendo hacia el castillo, pasamos a la zona del puente medieval amurallado, que atraviesa el rio Weiss, para finalmente llegar al borde de la colina donde se alza su gran torre, rodeada de las ruinas. En esta zona hay construcciones menos adornadas y más medievales.

Y al fin decidí, que para mí, esta es la casa más linda de Kaysersberg:

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Terminamos aquí nuestra visita a esta hermosa ciudad que bien vale la pena dedicarle unas dos horas.

OBERNAI:

Es el segundo pueblo más visitado en la Alsacia, tiene 11.000 habitantes y queda a orillas del río Ehn del que proviene su nombre más antiguo. Fue una ciudad próspera durante el renacimiento, por su producción de vino, comercio y artesanías. Está rodeada de una muy bien conservada muralla tras de la cual hay extensos viñedos. Iniciamos nuestra visita tomando el Petit train  en el Callejón de los judíos, 7 euros, (parece que esta es la tarifa estándar en trencitos y monumentos en esta región). El recorrido es muy bonito, pues además de llevarte por calles y callejones, sale a recorrer los viñedos y te van explicando en varios idiomas, la importancia de ellos para la ciudad y los tipos de vino que producen.

Como en toda la Alsacia, vemos casas en entramado de madera, con muchas flores, balcones y torrecitas en su fachada y los techos con sus tejas ovaladas y aplanadas, algunas de las cuales tienen el colorido en cerámica amarilla y verde.

La Plaza del mercado es la más emblemática, allí se alza la Torre del campanario que fungía como sitio de vigilancia y campanario de la iglesia, está el Hotel de Ville, el antiguo granero donde se almacenaba el trigo. Otras casas que antiguamente eran la sede los carniceros, toneleros y dueños de viñedos. A un costado, la Fuente de Santa Odilia, patrona de la Alsacia. El mercado semanal de los jueves,  se viene haciendo desde el siglo XIV.

Caminando hacia la calle de los judíos, se encuentra el Pozo de los seis cubos que data del siglo XVI, está rodeado por columnas corintias y un baldaquín que en su frente tiene figuras talladas en piedra y algunas esculturas. Seguimos hacia el interior del barrio por callecitas estrechas y empedradas, para admirar las sencillas pero lindas construcciones que hay en ellas.

Al otro lado del río está la Iglesia católica de San Pedro y San Pablo, una inmensa construcción del siglo XIX. En su interior hay un mural dedicado a Santa Odilia y tras el altar, grandes vitrales. Afuera y formando parte del recinto, está el cementerio del pueblo.

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