FRANCIA

LE MONT SAINT-MICHEL

En la región de Normandía al noroeste de Francia visité este año la abadía-patrimonio de la humanidad desde hace 40 años-, ubicada sobre un islote rocoso en el mar Atlántico en la desembocadura del río Couesnon.

Allí se puede llegar desde Paris en tren, bus, carro o en una excursión de las varias que ofrecen distintas agencias en la ciudad. El tren (14 euros), sale de la Gare Montparnase en dirección Granville y en Villedieu se toma otro tren hacia nuestro destino. El viaje dura en total 5 horas. Se debe planear bien la hora de salida de Paris puesto que desde Villedieu solo sale un tren diario hacia Le Mont Saint Michel. Flixbus sale de la Defense y ofrece 4 viajes al día en las horas de la mañana, su costo y duración dependen de la hora de viaje, están entre 20 y 40 euros y 5 a 6 horas. Una excursión puede rondar los 120 euros.

La visita a Le Mont Saint Michel te puede tomar unas 6 horas. Si viajas temprano no es necesario dormir allí, aunque se ofrecen algunos alojamientos.

La Abadía fue construida en el siglo X sobre una iglesia que en el año 708 había levantado el cura de un pueblo cercano, devoto del arcángel San Miguel. Tuvo varias ampliaciones a partir del siglo X y durante la edad media, cuando por disposición real, los monjes Benedictinos ocuparon el sitio. Alrededor de ella se fue formando la aldea que durante la guerra de los 100 años fue amurallada para evitar su invasión.

Cuando vienes por la carretera empieza el espectáculo, pues a lo lejos puedes ver el promontorio que termina en la aguja de la Abadía que porta la estatua de San Miguel.

Llegamos al estacionamiento que dista aproximadamente 2.5 kilómetros del monte, allí hay una oficina de turismo que ofrece el bus gratuito para alcanzar la pequeña ciudadela. Hasta hace algunos años cuando había mareas altas, el monte quedaba aislado y suspendían las visitas. En 2014 se construyó un puente que permite el acceso permanente sea en el bus o a pie por la calzada peatonal.

Desde este punto apreciamos ya la imponencia del sitio, sus murallas y la abadía en lo alto. Entramos por la puerta d’Avancé  sitio de acceso que nos lleva a un patio interior, a continuación pasamos la Porte du Roi y subimos por la única callecita del pueblo, donde a ambos lados vemos casas en piedra, algunas en entramado en madera, que en sus bajos alojan restaurantes, cafés, almacenes y algunas hoteles, todos ostentando sus avisos en hierro forjado. Hay uno en especial, La Mere Poulard, allí puedes degustar el crepe que hizo famosa a esta campesina en el siglo XIX y sus galleticas que son deliciosas.

Recorrer esta vía te hace sentir como si el tiempo se hubiera detenido y estuvieras inmerso en la época, te rodean soldados con armaduras, blasones, escudos, banderas, casitas y portones medievales, lo que hace más atractiva la visita.

Más arriba llegamos a la pequeña Iglesia de San Pedro una de las más antiguas de Francia, construida en el siglo XI y restaurada en varias oportunidades.  Es el santuario de San Miguel cuya estatua se encuentra en la capilla lateral sobre un altar en plata. Hay otras obras que datan del período medieval, como la Virgen con el niño y Santa Ana enseñando a la Virgen. Al lado de la iglesia está el cementerio de la aldea.

A lo largo de la calle se ubican varios museos (que no visitamos), uno narra la historia de la construcción de la abadía, el Museo histórico que exhibe armas y armaduras y donde se pueden visitar las prisiones; el tercero dedicado a la vida marina.

Continuando nuestro camino nos topamos ya al final de la calle con un edificio medieval llamado La Casa del Peregrino, que aloja las oficinas administrativas de la Abadía y cuenta con unos pocos alojamientos.

Finalmente alcanzamos las escaleras que nos conducen a la llamada “Maravilla”, la Abadía Benedictina hoy habitada por monjas y monjes de una comunidad de Jerusalén. El ingreso cuesta 10 euros. Entramos a un gran salón de techos muy altos denominado la Sala de guardias. En esta área está la oficina de venta de billetes de entrada y el almacén de recuerdos.

Subimos al segundo nivel donde se encuentran los alojamientos de la abadía, la Sala de visitantes y el salón de los Caballeros o Scriptorium, lugar donde los monjes permanecían la mayor parte del día en sus labores de copiar y traducir libros de los filósofos griegos, al latín.

Hacia el centro de este nivel está la llamada Cripta de las columnas gruesas y ¡realmente son bastante gruesas! Esta se construyó sobre la roca para que sirviera de base al coro de la iglesia de la abadía –que está en el tercer nivel-, construido en el siglo XIV cuando el anterior se derrumbó. En ella hay varias capillas en una de las cuales destaca una pequeña imagen de la Virgen Negra del siglo XIX, que en aquella época se entronizaba con el fin de fomentar la devoción religiosa, en vista de que luego de la revolución, Francia se declaró como país laico.

Finalmente llegamos a la cúspide del promontorio, el tercer y último nivel donde visitamos primero el Refectorio, una inmensa sala amoblada con largas mesas y bancas donde los monjes tomaban sus comidas en silencio. En él se destacan sus ventanales que, aunque estrechos sus vidrieras permiten el paso de la luz dando mucha claridad al lugar. Adjunto a él está la cocina.

Refectorio por Hispalois
Foto tomada de Wikimedia por Hispalois

Salimos ahora al Claustro un área cuadrada rodeada de pasillos formados por columnas decoradas con flores en yeso y al centro un cuadro de césped. Se dice que la finalidad de estos corredores era que los monjes los recorrieran en silencio, dedicados a la meditación.

Del claustro pasamos a una gran terraza con vista al mar. Al fondo está la Iglesia Abasial, su fachada es modesta y no representa el tamaño del interior; construida en piedra está compuesta de una nave, columnas en tres niveles y al fondo un sencillo altar bajo el coro. Sobre la cúpula se eleva la aguja que al final porta la estatua dorada del Arcángel San Miguel matando al dragón, elevada 156 metro sobre el nivel del mar.

Todo el tercer nivel está asentado sobre la cripta de los pilares gruesos que sostiene el coro y otras dos criptas, la de las 30 Cierges (velas) y la de San Martín sobre las que se asienta el claustro y el refectorio.

Luego de la Revolución francesa, los benedictinos fueron expulsados y el gobierno tomó posesión de la abadía convirtiéndola en prisión, donde la mayoría de presos fueron clérigos.

La Terraza es un sitio para disfrutar las vistas del mar y contemplar las mareas que generalmente se suceden dos veces al día. Las gaviotas vuelan permanentemente alrededor del conjunto dándole un encanto especial al paisaje.

Para regresar a la aldea podemos bajar por los callejones que rodean la abadía.

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3 comentarios en “LE MONT SAINT-MICHEL”

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