Dejo ya la capital de Túnez y me dirijo al sur. Mi primera impresión positiva fue encontrar que este país cuenta con una excelente red de carreteras, de varias calzadas y con excelente mantenimiento. Lógicamente al acercarnos a pueblos pequeños cambian a una sola calzada pero amplias y buenas. Hay muy pocos peajes, creo que pagué 2 en todo el viaje, tan baratos que no alcanzan los 3 euros.
Así pues, me dirigí a Hammamet, ciudad de turismo playero, donde se han desarrollado desde los años 90 del siglo pasado, complejos hoteleros de todas las categorías, siendo un lugar visitado en verano especialmente por españoles que la llaman el Benidorm de Túnez. Es una ciudad pequeña pero muy animada y con buenos restaurantes. Su principal avenida es la Habib Bourguiba, a través de ella se llega a la Medina y al final está el mercado, cuyo puesto principal es la plaza de ventas de pescado. Se puede parquear el vehículo en cualquier calle.
Pero mi interés no eran las playas, si no conocer su Medina.
Ésta, a diferencia de las que he conocido, es residencial. No encontramos el tradicional soco o bazar árabe, solo pocos puestos de artesanías. Es un sitio limpio, con casas típicas tunecinas blancas y azules, calles estrechas en piedra o mármol y hermosas puertas; el plan es recorrerla lentamente y perderse en su laberinto de callejones, digo perderse, porque realmente llega un momento en que no sabes por dónde salir. En las paredes hay dibujos, casi siempre de peces, indicando la salida pero creo que solo lo entienden ellos 🙂 🙂 Hay un pequeño museo de tradiciones, pero infortunadamente no entré porque estaba cerrado.
La Medina está rodeada por una imponente y cuidada fortaleza, La Kasbah, que data del siglo XIII, cuando se levantó para evitar las invasiones españolas, sicilianas y de los Caballeros de Malta, quienes alguna vez lograron asaltar la ciudad. Desde la terraza se puede ver la playa, la ciudad antigua y a lo lejos divisar el cementerio árabe situado muy cerca al mar. Saliendo de aqui nos topamos con el Monumento a las tres sirenas, cerca de la playa.
La playa es bonita y pintoresca, con barquitas de pescadores diseminadas a lo largo de ésta.


Finalizo mi visita a Hammamet y continúo hacia Soussa, donde pasaré la noche en el hotel Soussana.
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