Llegamos a Lecce provenientes de OSTUNI en el tren de Ferrovie del Sudest en un viaje de 50 minutos y 6.30 euros el billete. Nos alojamos en el BB CORTE DEI TARALLI un excelente apartamento ubicado en el centro histórico, a media cuadra de la iglesia de la Santa Cruz. Habitación muy cómoda y limpia con baño privado, terraza y un delicioso desayuno italiano, que nos dejó el dueño. En este tipo de alojamientos, la costumbre después de la pandemia, es dejar todo lo necesario para el desayuno dentro de la habitación y el huésped se lo sirve.
Nuestro hotel en Lecce.

Esta ciudad se encuentra en la parte sureste del tacón de la bota italiana a unos 15 kilómetros del mar Adriático. Es llamada la Florencia del sur, pues prima en ella la arquitectura barroca en sus iglesias y numerosos palacios, que ha sido llamada el barroco Leccese. Asimismo vamos a encontrar restos de la dominación romana del siglo I. Se puede conocer la ciudad en unos dos días
Ingresamos por una de sus tres puertas, rezago de la muralla del siglo XVI construida en el período aragonés, del Reino de Nápoles, tan predominante en toda la región de Puglia. Ingresamos por la Puerta Napoli, que de frente presenta un aspecto majestuoso, si la miras por detrás, es un arco triunfal sin ninguna decoración, el encanto está en que mirando desde este lado, se divisa el obelisco ubicado en el Parque Belloluogo. Al lado de encuentra la iglesia de Santa María de la Porta. Caminando a través de ésta, llegamos al centro histórico en búsqueda de nuestro hotel, donde nos esperaba el anfitrión que nos recibió amablemente y nos dio información acerca de la ciudad.
Y para no desviarnos del tema, hay otras dos puertas igualmente bonitas que nos dan también acceso a la parte más moderna de la ciudad: La Puerta San Biagio o puerta de San Blas que en la parte alta tiene la estatua de San Oronzo, patrono de la ciudad y nos lleva a la Plaza del Duomo. La Puerta Rudiae, la más antigua, toma su nombre de una antigua ciudad cercana y en su estructura tiene los bustos de los fundadores de la ciudad. Estas hacen todo el honor al estilo barroco
La Plaza del Duomo es la más imponente de la ciudad, toda una manzana rodeada por la Catedral de Santa María Asunta del siglo XIII, con muchos altares adornados con columnas barrocas, su campanario de 70 metros de altura y 5 pisos, el Palacio Arzobispal y el Seminario que hoy funciona como Museo de arte sacro. Son construcciones inmensas que ocupan los tres costados de la plaza, de tal manera que a ella solo se puede entrar por el frente de la catedral. Hay uno o dos pequeños almacenes y un restaurante.
Lecce tiene muchas iglesias, unas más barrocas que otras; existe un Pase que cuesta 11 euros y permite visitar las más destacadas: La Santa Croce, (quizá la más hermosa de todas), Santa Clara, San Mateo y la Catedral. Se compra en cualquiera de las mencionadas. Por 10 euros más, se puede subir al campanario y entrar al Museo de arte sacro.
Basílica de la Santa Cruz
Su gran fachada está integrada al convento de Los Celestinos, hoy Palacio de gobierno, quienes construyeron la primera iglesia en el siglo XIV: Fue demolida por Carlos V para ampliar el Castillo y reconstruida en entre los siglos XVI y XVII. El frente, en su parte baja es de línea sencilla y termina en una especie de balcón sostenido por figuras humanas, soldados y animales medievales. Coronando la fachada está el gran rosetón que a cada lado tiene un nicho con esculturas de santos y mucha decoración barroca.
El interior es muy iluminado a través de la cúpula y los ventanales, tiene tres naves separada por columnas y varias capillas laterales dedicadas a diferentes santos, enmarcadas en columnas en yeso que parecen tejidos de encaje bordados y recubiertas con dorado
Otras iglesias barrocas son San Marcos, Santa Clara y San Mateo. Y hay otras no barrocas pero que vale la pena conocer al igual que conventos y monasterios.
Seguimos caminando sin rumbo entre las intrincadas calles de Lecce, descubriendo plazas y palacios, que los hay muchos. Saliendo de nuestro hotel, nos tropezamos con el hotel Patria Palace, un cinco estrellas ubicado en todo el centro histórico de la ciudad frente a la Basílica de la Santa Croce, que fue la antigua residencia de un noble italiano.

Llegamos así a la Plaza de San Oronzo, patrono de la ciudad, donde nos sorprende el Anfiteatro romano, del siglo I, el cual fue descubierto a principios del siglo XX cuando iniciaba la construcción de un edificio. Hoy vemos solo una parte del mismo, el resto se encuentra bajo la plaza pues no se continuó la excavación ya que en aquella se encontraban otras edificaciones históricas de la ciudad.
Adyacente al anfiteatro está el Palacio del Sedile que antiguamente fue sede de la administración de la ciudad y hoy se utiliza para eventos. En el centro de la plaza se levanta la Columna de San Oronzo, protector de la ciudad en la época de la peste; en su parte alta tenía la estatua del santo, no supimos por qué no estaba en la fecha de nuestra visita. Al otro costado está la iglesia barroca de Santa María de la Gracia, del siglo XVI.
Muy cerca de la Plaza San Oronzo se encuentra la Piazzeta Castromediano, homenaje a un político de Lecce que luchó contra la dominación francesa de los Borbones. Hay en ella un museo en su memoria, que no visitamos. Adyacente a la placita está la Iglesia de Gesu y la Madona del buen consejo.

De aquí deambulamos por diferentes calles que alojan un sinnúmero de palacios, algunos que logramos identificar, otros no, pero igualmente imponentes.
Mención aparte merece el Palacio Paisiello, habitado antiguamente por esta familia cuyo hijo llegó a ser de un compositor clásico. Hoy es el Teatro público plugiese, donde se presentan espectáculos de danza, música y teatro. Aquí se exhibe el piano del compositor.
Sabíamos que existía un Teatro romano y está tan escondido que casi no lo encontramos; Finalmente llegamos por una calle estrecha a la que se entra por la vía Vittorio Emanuele. Fue descubierto en 1929 cuando se iniciaron los trabajos de remodelación de los jardines del palacio que se había en la parte trasera.
Está detrás de una reja que en ese momento estaba cerrada, pero desde aquí logramos verlo. Hoy en día se utiliza para representaciones.

Visitamos el Castillo de Carlos V, construido en el siglo XII y ampliado en el siglo XVI por Carlos V de España, cuando derribó gran parte del convento de los Celestinos para hacerlo. Allí entramos a comernos un delicioso helado en un pequeño cafecito, pues sus salones se utilizan para exhibiciones o eventos y hay un pequeño museo del papel maché. En su exterior hay una curiosa escultura de una pareja de enamorados
Finalmente estuvimos en el Museo Faggiano, propiedad de esta familia, que en 2001, al empezar los trabajos de modernización del acueducto, encontraron que su casa había sido un convento medieval, vemos un aljibe, un sitio donde aparentemente eran enterrados los religiosos, un silo para almacenar grano, una pequeña capilla. Pero hacia el subsuelo fueron descubiertos los restos de una muralla y más al fondo cuevas en la roca y otro aljibe que podrían dicen que data del siglo V a.C. Se exhiben huesos humanos, vasijas, cerámica, elementos de cocina, tocador, etc. Es un sitio que vale la pena visitar.
Terminamos así nuestra visita por APULIA PUGLIA, con la alegría de haber conocido una región italiana muy hermosa que, por lo menos en la época en que estuvimos, no está inundada de turistas, lo que permite conocer cada sitio con tranquilidad.
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