GRECIA

MONASTERIOS DE METEORA

Con la agencia Greca de España contraté saliendo de Tesdalonica, un tour para conocer los Monasterios de Meteora ( 97 euros). En este tour no te recogen en un punto de la ciudad, te envían por internet los billetes de tren ida y vuelta hasta Kalambaka; allí te espera el guía y el transporte. También lo puedes hacer solo, tomando el mismo tren y luego un bus de la empresa Ktel que sale todos los días a las 12 m y sube pasando por todos los monasterios, regresando a eso de las 5 de la tarde. Sin embargo, preferí tomar el tour previendo que el tren tuviera alguna demora y perdiera el bus. En este último caso te toca contratar allí un transporte privado o subir a pie, que es bastante pesado.


Es importante saber que no todos los monasterios abren diario y que su horario de visitas es muy limitado, así que conviene consultar antes del viaje, qué día abre cada uno y el horario. Los domingos están abiertos los seis que hoy existen. El ingreso vale 3 euros y es igual para todos.

Salí pues muy temprano a tomar el tren de las 8:15, en la estación Monastirou de Tesalonica, un edificio pequeño y de cuyos trenes me llamó la atención la gran cantidad de grafitis en su exterior. Hago un paréntesis para anotar que este tipo de manifestación la vemos por todos los lados de la ciudad, las paradas de buses, muros, amoblamiento urbano, muy pintadas y vandalizadas. Según me decían, ello viene de la época de la crisis económica de 2010. El viaje toma tres horas larguitas hasta Kalambaka, un minúsculo pueblo cercano que deriva sus ingresos de los turistas y la venta de artesanías.

Allí nos encontramos los tres pasajeros con el guía y luego de un refrigerio iniciamos la ruta. En los monasterios la visita es libre, los guías no entran, así que la excursión contratada es básicamente para el transporte y algunos datos que aquellos te suministran. Vale la pena anotar que no se permite la visita con pantalones cortos o faldas encima de la rodilla.

Están ubicados en la región de Tesalia, centro de Grecia, en el valle del rio Peneo un área rocosa, colmada de rocas de más de 500 metros de altura, que dicen surgieron a causa de los terremotos y la erosión y en las que muchos milenios atrás, habitantes del área cavaron cuevas como vivienda.

La historia de los monasterios inicia en el siglo XII, cuando monjes ermitaños huyendo de la persecución otomana, se refugiaron en las cuevas cercanas a la localidad de Kastraki. Posteriormente, un monje empezó a construir en lo alto de una roca el primer monasterio llamado el Gran Meteoro, donde se alojó con los miembros de su comunidad. El resto fueron levantados entre los siglos XIV a XVI.

Realmente, maravilla pensar lo dura que debió ser la construcción, pues según nuestro guía los materiales fueron llevado mediante poleas y los suministros para el mantenimiento de los monjes los subían en canastas que bajaban desde arriba. Llegó a haber 24 monasterios en las diferentes rocas, hoy en día quedan seis, uno de monjas; en todos viven menos de 10 monjes a excepción de San Nicolas que lo habita uno solo.

El sitio fue declarado patrimonio de la humanidad en 1988.

En nuestro caso como era domingo podíamos escoger cuáles visitar, estuvimos entonces en tres monasterios, el de San Nicolás (Agio Nikolau), Varlaam y San Esteban (Agio Stephano), infortunadamente no pudimos entrar al Gran Meteoro que dicen es el más bonito, porque ese día lo cerraron inesperadamente.

Monasterio de San Nicolás /Anapafsas): A éste no llegan carros, así que prepárese para subir los 143 escalones que lo llevan hasta la cumbre a 408 metros de altura y llegar como decimos en Colombia, “como chupo de guardería”.

Es el más pequeño de los que visitamos, tiene una amplia sala al ingreso, en la segunda planta está la iglesia principal. Como en toda iglesia ortodoxa, se destacan los frescos que datan del siglo XVI. El más importante es el de la dormición de la Virgen. La cúpula está presidida por el Pantócrator y en los muros hay iconos de diferentes santos.A pesar no ser muy grande, tiene dos ambientes, todos ilustrados con iconos. En el tercer piso, está el refectorio del monje. En este sitio tuve la suerte de poder tomar fotos en el interior, pues no nos advirtieron de su prohibición. En todos los monasterios está prohibido tomar fotos dentro de las iglesias..

Monasterio de Varlaam: Fue fundado por el monje Varlaam en el siglo XIV, pero más que fundar un monasterio, el monje se retiró solo y construyó una iglesia y una estancia donde vivió solo, hasta su muerte. Dos siglos más tarde, dos monjes empezaron a levantar sobre las ruinas una nueva iglesia y edificios que con el pasar del tiempo fueron ampliándose hasta llegar a ser hoy el segundo monasterio en tamaño. El área de ingreso se encuentra a 125 metros del valle, altura que en su costado sur alcanza los 350 metros. Allí funcionó una escuela de bordado en oro y un taller de copia de manuscritos, de los cuales hoy en día se conservan casi 300.

El gran salón exhibe en sus muros iconos de santos y un Cristo Pantócrator en el techo. La iglesia principal es la de Todos los Santos y existen otras dos capillas que vale la pena visitar.

Monasterio de San Esteban: Este inició con el eremita Jeremías que instaló su vivienda en lo alto de la roca, a 520 metros del valle en el siglo XII. Posteriormente en el siglo XIV, se alojaron y crearon una comunidad dos monjes que construyeron la Iglesia de San Esteban, pequeña y sencilla.

La iglesia central del monasterio es la de San Charambalos, -Mártir de la iglesia ortodoxa, asesinado por los romanos en el siglo III a.C.- construida en el siglo XVIII, para alojar el cráneo de este santo, que hoy es venerado en todo el país. Fue bombardeada en la segunda guerra mundial y restaurada casi en su totalidad. Cuenta con frescos de la época y altares e imágenes tallados en madera. La sacristía es un museo que exhibe manuscritos antiguos, libros, ornamentos y objetos religiosos.

Además de las celdas y estancias, cuenta con una amplia terraza que permite divisar todo el valle. Este monasterio es habitado por monjas y es uno de los dos únicos que hoy en día conservan su misión religiosa. El resto fueron declarados museos.

Durante la segunda guerra mundial, los monasterios se convirtieron en el escondite de la resistencia griega por lo que fueron atacados en muchas oportunidades, hoy están todos restaurados. La visita a este sitio es obligada para quien viaje a Grecia, es maravilloso contemplar desde lo alto de algún monasterio, la inmensidad del valle sembrado de altísimas rocas labradas por la erosión hace millones de años. Igualmente maravilla el paisaje desde diferentes puntos de la carretera, que nos permite ver a lo lejos, los monasterios colgados en la punta de las rocas.

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